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Cómo influye el liderazgo en los equipos de trabajo


El líder, frente a la figura impuesta y autoritaria del jefe, gracias a su carisma es escogido por un grupo de personas y se centra en extraer lo mejor de ellas. El líder es el responsable de organizar a los trabajadores para conseguir buenos resultados y de asumir responsabilidades.


 

Generalmente trabajamos en equipo, como si de una máquina se tratase en la que cada uno de nosotros somos una pieza esencial. Para que funcione, necesitamos algo que nos conecte, o a alguien. Aquí es donde necesitamos un líder, una persona que tenga la capacidad de motivarnos y de ser nuestro guía, que nos impulse a trabajar en sintonía.

El líder, frente a la figura impuesta y autoritaria del jefe, gracias a su carisma es escogido por un grupo de personas y se centra en extraer lo mejor de ellas. El líder es el responsable de organizar a los trabajadores para conseguir buenos resultados y de asumir responsabilidades.

Hay diferentes tipos de liderazgo: persuasivo, consultivo, participativo, laissez-faire... El de cada equipo de trabajo dependerá de una serie de factores como la personalidad de los empleados, la cultura o los objetivos de empresa. Sea como sea, lo importante en un líder es que tenga una buena relación con los empleados, para ello deberá de de hacer un buen uso de su poder, ser comunicativo y confiable.

Características de un buen liderazgo de equipo

El buen liderazgo influye en los equipos de trabajo de modo que:

1.      Motiva. Suscita un compromiso genuino con el trabajo a realizar, con lo cual el trabajador se siente bien al ser productivo y beneficiar a la empresa, porque forma parte de ella.

2.      Inspira. Genera nuevas ideas, promueve la innovación y la creatividad.

3.      Coordina. Promueve la colaboración entre las partes, compensando las fortalezas y debilidades de cada uno gestionando un grupo humano.

4.      Crea un clima de confianza. Es imprescindible que el líder cultive la empatía en sí mismo y en el resto del equipo a través del uso de su inteligencia emocional. Este enriquecimiento de las relaciones sociales tiene un efecto positivo que se traduce en la capacidad resolutiva.

5.      Exige. El buen líder trata de sacar lo mejor de los trabajadores y de sí mismo. Busca la mejora y renovación continuas.

6.      Toma la iniciativa. Cuando un equipo confía en sus capacidades, está dispuesto a arriesgarse con tal de tratar de mejorar. Para prosperar, hay que salir de la zona de confort y es necesario que esto pase por un líder que esté dispuesto tanto a asumir nuevos retos como la posibilidad de que estos fracasen.

En definitiva, el liderazgo canaliza un poder que se distribuye sobre un equipo de trabajo y trata de conciliar tanto las necesidades de éste como las metas y objetivos propuestos. Un buen líder es la garantía del buen funcionamiento de un grupo de trabajadores a través de su guía. Parafraseando al dicho, la unión hace la fuerza y el líder es el pegamento que se encarga de cohesionar a las personas gracias a su capacidad de coordinar, motivar, generar confianza, compromiso, comprensión y de fomentar la acción.

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28/11/2017